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Don Jaime Rivera: un legado que permanece

Con profunda gratitud despedimos a don Jaime Rivera, un hombre cuya vida estuvo marcada por una bondad fuera de lo común, una fe sencilla y una generosidad silenciosa que dejó huella en María Ayuda.

Quienes lo conocieron coinciden en algo: su respeto sincero por las personas, su escucha atenta y su humildad auténtica. Nunca desde arriba, nunca con superioridad. Su manera de estar en el mundo nacía de una fe vivida sin alardes, pero con profunda coherencia.

En María Ayuda dejó un legado único: el Hogar Oncológico Felipe Rivera, que lleva el nombre de su hijo Felipe. No fue solo un aporte inicial para adquirir la casa, sino un compromiso constante y fiel en el tiempo. Mes a mes estuvo presente, apoyando la alimentación de niños con cáncer que llegan desde regiones junto a sus madres, contribuyendo a mejoras, ampliaciones y a todo aquello que asegurara un espacio digno para quienes enfrentan momentos tan difíciles.

Le importaba la dignidad. Le importaban los detalles. Le importaban las personas.

También fue un emprendedor comprometido, impulsando dentro de María Ayuda un servicio funerario que ayudara a sostener la obra, siempre cuidando que lo humano y lo espiritual fueran el centro.

Incluso en la enfermedad vivió con paciencia, mansedumbre y una fe inquebrantable, enseñándonos que también en la fragilidad se puede confiar y amar.

Su ejemplo nos desafía a no pasar de largo frente al dolor del otro y a seguir construyendo, con sencillez y entrega, una obra que él amó profundamente.

Gracias, don Jaime. Su legado permanece vivo en cada niño, niña y familia que encuentran acogida y dignidad en María Ayuda.