¿Qué tienen en común una partida de Uno, un tablero de ajedrez o un juego de mesa compartido después de la once?
Mucho más de lo que parece.
Gracias al apoyo de nuestros socios, en María Ayuda podemos incorporar herramientas que fortalecen el bienestar emocional y la vida cotidiana de los niños, niñas y adolescentes que viven en nuestras residencias. Una de ellas son los juegos de mesa, que hoy forman parte de la iniciativa «Jugando Construimos Comunidad», un proyecto que busca crear espacios de encuentro, confianza y aprendizaje a través del juego.
Más allá de la entretención, el juego permite desarrollar habilidades sociales, aprender a resolver conflictos, fortalecer la autoestima y generar vínculos positivos con quienes los rodean. En cada partida se crean oportunidades para compartir, conversar, reír y sentirse parte de una comunidad.
Esta iniciativa se enmarca en nuestro modelo Casa Alma, que reconoce el enorme valor terapéutico de las experiencias cotidianas. Porque muchas veces son los pequeños momentos —una conversación, una actividad compartida o un juego en grupo— los que ayudan a construir seguridad, pertenencia y confianza.
Cada juego que llega a nuestras residencias representa mucho más que una caja con cartas o fichas. Es una invitación a participar, a vincularse con otros, a desarrollar nuevas habilidades y a crear recuerdos positivos que acompañarán a nuestros niños y niñas en su proceso de recuperación.
Por eso, queremos agradecer especialmente a quienes nos apoyan mes a mes. Gracias a tu aporte, podemos seguir invirtiendo en iniciativas como esta, que transforman momentos cotidianos en oportunidades de crecimiento, bienestar y felicidad.
Porque cuando un niño juega, no solo se entretiene: aprende, comparte, fortalece sus vínculos y descubre que también puede sentirse seguro, acompañado y querido.


